El síntoma de las complicidades,por Joan J. Queralt

El síntoma de las complicidades, por JOAN J. QUERALT

Solo con la connivencia de otros pudo Díaz Ferrán cometer los graves delitos que se le imputan

Que Gerarz Ferrándo Día pase por las horcas caudinas de la justicia mercantil –donde ya ha sido inhabilitado por 15 años para administrar bienes ajenos– y penal –donde ha iniciado sus paseíllos– es la crónica de una muerte anunciada. Díaz Ferrán, y no solo él, representa lo peor del capitalismo español, antes llamado estraperlo, más tarde capitalismo de casino y que bien podría denominarse capitalismo de corte; no solo por su ubicación geográfica, por tener su sede en la capital del reino, sino por su asfixiante cercanía al poder oficial, coligado en particular alianza con personajes como el que nos ocupa.

PESE A los graves delitos que se imputan a alguien que ha sentido debilidad por las entidades financieras (cajas de ahorros y seguros), el núcleo de una economía no productiva como la española. Pese al desparpajo mostrado a la hora de idear toscas vías de elusión de responsabilidades vaciando su bolsillo derecho para llenar ilícitamente el izquierdo en perjuicio de sus acreedores y de depositarios que confiaron en él. Pese a impartir con notorio gracejo piropos a las gónadas de la lideresa. Pese a que los dineros españoles volaron sin retorno en Aerolíneas Argentinas, vuelo del que el Tribunal de Cuentas aún espera recibir explicaciones. Pese a impartir gratuitamente clases de economía aplicada. Y pese a ser el patrón de patrones… Pese a todo ello, la gravedad de su actuación, que solo ahora empezamos a ver aireada judicialmente, radica en el sistema de complicidades que le han permitido a él y a otra exigua pero altísimamente tóxica élite político económica española llegar a donde han llegado, con lo que han llegado y con lo que nunca más, por más castigos que les caigan, volveremos a ver.

La última gracia es que Hacienda, al parecer, le ha devuelto algo más de 2.000 euros porque ese era el importe deudor que tenía con el erario, dado que en el 2010 sus bases de renta resultaron negativas pese a cobrar 100.000 euros al mes, como se acaba de descubrir. Empecemos por aquí. ¿Cómo es posible que Hacienda devuelva sin inspeccionar o, peor aún, pésimamente inspeccionada la cuota de una declaración de renta negativa a un personaje de primer nivel como Díaz Ferrán? Cabe inferir que si eso pasa con un preboste así y más en época de dificultades, en virtud del principio de igualdad pasará lo mismo con sus homólogos de la cresta de la ola. Obsérvense, además, las fechas: los dirigentes políticos de la Agencia Tributaria no eran los actuales. Ello demuestra dos conclusiones antagónicas: la ausencia de sectarismo político en la dirección de tal agencia y la tranquilidad operativa de la élite. Mande quien mande, la impunidad está garantizada; eso o han puesto a ciegos a hacer relojes.

En segundo lugar, Díaz Ferrán es deudor de sus proveedores, algunos de los cuales, hartos, le han llevado a los tribunales. Pero también es deudor de un curioso grupo de acreedores menos activos procesalmente: bancos nacionalizados. Nacionalizados por haber estado dirigidos por incompetentes avaros manirrotos: a Novacaixa Galicia, a Cajamadrid y Bancaja (Bankia ahora) o a la CAM les debe más de 92 millones. Alguien deberá explicar cómo se concedieron esos préstamos y las gestiones fructuosas para recuperar los importes y evitar acudir a que sean los contribuyentes de verdad quienes paguen, otra vez, su fiesta. En fin, de nuevo cabe sospechar que esa élite se ha estado financiando mutua, alegre y gratuitamente a costa de los ciudadanos, ajena a cualquier resquicio de responsabilidad, además de blindarse de mil maneras posibles con sustanciosas pensiones e indemnizaciones.

SOLO ESTA explicación cabe cuando el ídolo caído (van unos cuantos desde Conde y De la Rosa) presidía, coronando su fraudulento reinado, la CEEO. En efecto, solo desde la complicidad de los que nadan en aguas igualmente poco transparentes, amparados por los poderes públicos, parece posible que los Díaz Ferrán hayan llegado a donde han llegado. Silencios oprobiosos –no sin retribución, cabe augurar– en esferas esenciales públicas y privadas constituyen el necesario cemento de estas fangosas alianzas que están culminando en el colosal desfalco político, social, económico y moral en que nos vemos sumidos.

Como señala Josep María Ureta, sin complicidad este fiasco es imposible. No estamos ante un pícaro; esa es la excusa que sus conmilitones en la actual gran depresión dan para intentar poner tierra de por medio con él y olvidarse cuanto antes de quién se sentaba con ellos, como anfitrión, en el obsceno banquete de la opulencia y la desvergüenza. El pícaro es el pobre que lucha por sobrevivir y solo tiene sus malas artes como medio de vida. No es pícaro quien, pese a tenerlo todo, hace de la desfachatez su objeto social.

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Joan J. Queralt

Catedrático de Derecho Penal (UB).

Tomado de:http://epreader.elperiodico.com/APPS_GetPlayerZSEO2.aspx?pro_id=00000000-0000-0000-0000-000000000001&fecha=10/12/2012&idioma=0&doc_id=35a23401-b454-4e15-bf37-a877d6b26f7a

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