Seguridad sin democracia por Joan J. Queralt

Seguridad sin democracia

De un tiempo a esta parte las autoridades políticas reclaman colaboración para garantizar la seguridad ciudadana; piden que las personas denuncien las infracciones que vean. Como denunciar tiene mala prensa, el conseller de Transportes, Lluís Recoder, dijo que no se trataba de que los ciudadanos fueran denunciantes, sino… informantes. Hasta aquí, por ahora, la exigencia de persecución de todo tipo de infracciones, no solo de las penales.

Quien observara desde fuera este SOS pensaría que España es un país inseguro: ahíto de delitos y falto de policías. Sin embargo, es el segundo país más seguro y menos violento de Europa (Madrid o Barcelona son la envidia de París, Londres o Berlín) y con una altísima tasa de policías por 1.000 habitantes: 3,71, sin contar las policías locales, ni las privadas, ni la video vigilancia pública y privada. Somos una sociedad muy segura y vigilada. ¿A qué viene el llamamiento? Responde a algo sencillo: hemos entrado de lleno en el securitismo, esto es, la seguridad a cualquier precio y por encima de todo, lo que casualmente es un enorme negocio. En suma: mucha policía, muchas penas, muchos presos, hasta alcanzar la pretensión del actual ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, de una sociedad sin conflictos, es decir, una sociedad muerta.

Pero dejando el aspecto ideológico-económico del securitismo, está, una vez más, la pura retórica hueca. Si el ciudadano denuncia —experiencias tiene del nulo caso que se le hace en ocasiones—, deberá ratificar policial y judicialmente, todo ello gratis, su declaración inicial y deberá constar su identificación en el procedimiento, porque las denuncias anónimas impiden el derecho de defensa. De esta suerte, afrontará nuevas cargas en una situación que el sobrepeso por eje supera lo razonable. En este contexto, el ciudadano puede preguntarse: “Si hemos creado el Estado para realizar las tareas de interés público y común, si pago impuestos para mantener el Estado, ¿por qué debo yo hacer de Estado?”. En fin, se habla demasiado de seguridad (y de crisis) y muy poco de democracia y de Estado de derecho, cuando son los pilares que hacen mejores a las sociedades.

La seguridad no puede ser una carga para la ciudadanía, ni puede cercenar derechos en aras de una eficacia cuyo horizonte es una sociedad plana, sin matices y dirigida por quienes saben lo que nos conviene a todos.

Joan J. Queralt es catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Barcelona.

Tomado: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/08/19/actualidad/1345403588_390349.html

1 comentario

  1. ivano ortiz dice:

    esto es una vision mundial donde el dinero prima sobre las garantias constitucionales.carceles manejadas por empresa privadas,ejercitos de policias,ejercitos,en fin un gran numero de personas que aun no responde a la verdadera necesidad del pueblo.los verdaderos delicuentes son los politicos,empresarios,banqueros,ceo de grandes companias,las bolsas de valores,si todos los gobiernos tuvieran como principios basicos de dar empleos a cada ciudadano la delicuencia popular se acabaria,crear un verdadero credito con una tasa razonzbles,conferir casas con un precio moderados y no a 30 anos,lo mismo que los coches,tratar de que podamos convivir como un verrdadero estado de derecho de proteccion,la delicuencia se terminaria por completo,legalizar cualquier tipo de drogas,y no solamente hacerla legal a las grandes companias farmaceuticas,vigilar a los grandesa bancos de los grandes lavados de dinero,razon poe la cual no bajan sus tasas.en fin la corrupcion administrativa de los estados son las causas de la delicuencia y no el pueblo que clama por un simple trabajo para sobrevivir.la izquierda o derecha es un modus vivendi que no le importa a quien aplasta.

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