Razones de su creación

La profesora Dra. Lola Aniyar de Castro firma el Acta de Constituición de ALPEC.

La profesora Dra. Lola Aniyar de Castro firma el Acta de Constituición de ALPEC.

La creación de la Asociación Latinoamericana de Derecho Penal y Criminología (ALPEC) responde a la necesidad de disponer de una entidad de encuentro específico de penalistas y criminólogos latinoamericanos donde se profundicen los temas comunes de sus materias tomando en cuenta las realidades regionales y sus particularidades tanto sociales, legales, políticas y económicas, como en particular las estructuras de sus sistemas penales y de las agencias que los componen.

La ALPEC no tiene por objeto competir ni segregarse de las asociaciones mundiales que se ocupan de las materias que le son propias, sino de configurar un foro que coordine una mayor y mejor participación de la región en ellas. Hasta el presente la voz de los estudiosos latinoamericanos en esas asociaciones, si bien en ocasiones importante, es casi individual y carente de un intercambio previo de opiniones, siendo muchas veces ocasional y sin continuidad. Sin embargo, la frecuencia de comunicación entre los distintos países de la región aumenta, potenciada por la tecnología actual, con lo cual se pone de manifiesto la alta conveniencia de una participación más coordinada y rica en los foros mundiales, como corresponde al nivel de los estudios y trabajos regionales.

La ALPEC se propone intensificar la información sobre la producción científica regional entre los propios estudiosos de sus países. No escapa a la observación que la tradición latinoamericana se nutre de fuentes de conocimiento diversificadas de Europa y América del Norte, produciendo obras con altos niveles de comparación, hecho poco frecuente en los países de donde emergen las fuentes originarias, los que por lo general se centran en su propia producción o casi exclusivamente en aquella de su propia lengua. La complementación de esta información con un mejor conocimiento de la propia producción regional resulta indispensable y produce una síntesis de alta originalidad que merece hacerse oír en los debates mundiales y en los de otros continentes y regiones.

La difusión de la producción regional en los foros mundiales es escasa. Si bien el castellano y el portugués son lenguas que se cuentan entre las más habladas en el planeta, teniendo además la ventaja de su mutua comprensión sin mayor esfuerzo, es menester hacerse cargo de la difusión de la producción científica latinoamericana por lo menos en lengua inglesa a efectos de difundirla en los países centrales y en los foros mundiales, que usan esa lengua como medio habitual de comunicación. La región conservará sin duda sus lenguas ibéricas y debe hacer los mayores esfuerzos para que éstas sean admitidas en los ámbitos mundiales, pero no puede ignorar que la comunicación contemporánea globalizada se produce en una lengua de encuentro común, en modo análogo al uso que del latín se hacía hasta hace algunos siglos en Europa.

Grupo trabajando en los Estatutos de ALPEC en la Universidad de San Carlos de Guatemala, el martes 12 de abril del 2011.

Grupo trabajando en los Estatutos de ALPEC en la Universidad de San Carlos de Guatemala, el martes 12 de abril del 2011.

Muy probablemente en un futuro próximo la técnica permita la traducción mecanizada de textos, pero en tanto no se alcance ese desarrollo, la producción científica regional no puede quedar marginada de los debates en los foros mundiales, que es lo que en este momento suele suceder. Esta tarea, que implica la inserción de la ciencia latinoamericana en los debates mundiales, supera ampliamente las posibilidades de los estudiosos e incluso de los países aisladamente, por lo cual se hace menester coordinar los esfuerzos y optimizar el empleo de los recursos existentes.

La penosa situación actual creada por la publicidad única del segurismo totalitario impone que los estudiosos de la región adquieran capacidad de comunicación para valerse de los mismos medios para neutralizarlo. El segurismo totalitario selecciona víctimas capaces de generar identificaciones y las promociona con crueldad, fomentando desarrollos patológicos al impedirles o desviarlas del duelo por la pérdida. Esta alta discriminación en la exhibición pública de la victimización no puede responderse sin apelar a los propios medios masivos, para lo cual los estudiosos serios, deberán disponer de los conocimientos adecuados para llevar a cabo esta comunicación social. El fomento de este entrenamiento es indispensable para salvar a los estados de derecho de la región, hoy presos y debilitados por la publicidad única a la que no se le opone ninguna otra, cediendo o haciendo mal uso de los limitados espacios públicos que de cualquier manera existen y deben ser adecuadamente utilizados.